El Salmo 18:2 "Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio".
Castillo y alto refugio: Un sitio alto y difícil de
alcanzar para los enemigos, donde hay paz y resguardo.
Libertador y escudo: Quien saca a la persona del
problema y la protege de los ataques de frente.Fuerza de salvación: El poder
divino que rescata y da la VICTORIA
El rey David escribió este salmo para agradecer a Dios
por librarlo de sus enemigos, especialmente de Saúl y usa varias palabras clave
para describir cómo actúa Dios:
Roca mía: Habla de firmeza y estabilidad. Una roca
grande no se mueve con las tormentas; Dios es un fundamento seguro que no
cambia.
Castillo mío (o fortaleza): Representa un lugar alto y
amurallado. Los ejércitos enemigos no pueden entrar fácilmente; Dios protege la
vida del creyente contra el peligro.
Mi libertador: Muestra que Dios no solo observa desde
lejos, sino que actúa activamente para sacar a la persona de la esclavitud, el
miedo o la angustia.
Mi escudo: Indica defensa cercana. El escudo frena las flechas o golpes
directos del enemigo antes de que lastimen el cuerpo.
Fuerza de mi salvación y alto refugio: Es el lugar
seguro a donde se corre para huir del peligro. Cuando las fuerzas fallan, Dios
es el poder que rescata y da paz.
En la vida de David corrió peligro y se vio obligado a
vivir fuera de los límites de una comunidad normal. Esto nos ayuda a comprender
mejor que buscara al Señor como su roca.
El uso que David hace de la "roca" como
metáfora pone de relieve, en primer lugar, la confianza. En tiempos de peligro,
David reconoce que puede confiar en Dios como quien se esconde en una cueva
rocosa para refugiarse. Este salmista tuvo numerosas experiencias personales con
cuevas y probablemente se inspiró en ellas (1 Samuel 22:1-2; 24:1-6). Confiar
en Dios en tiempos de prueba puede ser un desafío, por eso necesitamos
recordatorios de vez en cuando. En situaciones que sobrepasan el entendimiento
humano, Dios sigue siendo soberano.
También podemos entender la roca como un lugar seguro.
El salmista se da cuenta de que -más allá de confiar y obtener fortaleza-
también está más seguro con Dios. David comprende que Dios es el único que
puede protegerle de sus enemigos. Las pruebas pueden llevar a dudas y
desesperación, pero los cristianos que luchan deben darse cuenta de que la
verdadera seguridad está en manos de Dios. Si Dios no nos libra de una
situación, entonces Él desea estar con nosotros a través de ella. En cualquier
caso, estamos en buenas manos. Aunque perdamos la vida, nos espera un mundo
nuevo sin lágrimas, dolor ni sufrimiento (Apocalipsis 21:4).
Que en toda circunstancia nos
unamos al rey David y digamos: "¡El Señor es mi roca!".
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