En Ezequiel 22:30 (NBLA), el Señor dice: "Busqué entre ellos alguien que levantara un muro y se pusiera en pie en la brecha delante de Mí a favor de la tierra, para que Yo no la destruyera, pero no lo hallé". La imagen que se describe en este versículo es la de un muro con un agujero o una brecha. En la antigüedad, los muros eran el mejor medio de protección. Una brecha en el muro permitiría el paso del enemigo. Si había una brecha en el muro, los defensores tenían que acudir en masa a ese lugar y mantenerla. La brecha debía repararse lo antes posible. Si no se prestaba atención a una brecha o no se reparaba, la ciudad caería.
Ezequiel 22
resume los pecados y abusos de la nación. Como castigo por los pecados de
Israel, Dios dice que los dispersará entre las naciones. En los versículos
30-31 (NBLA) dice: "Busqué entre ellos alguien que levantara un muro y se
pusiera en pie en la brecha delante de Mí a favor de la tierra, para que Yo no
la destruyera, pero no lo hallé. He derramado, pues, Mi indignación sobre
ellos; con el fuego de Mi furor los he consumido; he hecho recaer su conducta
sobre sus cabezas, declara el Señor Dios". La "brecha" aquí
representa el peligro que enfrenta Jerusalén: la ira de Dios está a punto de
irrumpir en juicio sobre la ciudad pecadora. ¿No había nadie que, con justicia,
intercediera en favor de la ciudad y buscara la misericordia de Dios? Dios
buscó a un defensor así, pero no encontró a nadie. Parece que, si alguien
hubiera estado dispuesto a "ponerse en la brecha", se habría podido
evitar la destrucción de Jerusalén. Como no había nadie disponible ni dispuesto
a defender la brecha y reconstruir el muro, cayó el juicio.
Se encuentra
una expresión similar en Salmos 106:23 (NBLA). Este salmo resume los pecados de
Israel en el desierto, principalmente en relación con el becerro de oro. El
versículo 23 explica: «Él [Dios] dijo que los hubiera destruido, de no haberse
puesto Moisés, Su escogido, en la brecha delante de Él, a fin de apartar Su
furor para que no los destruyera". Moisés "se interpuso" y salvó
al pueblo de Israel con su petición en su nombre. Al interponerse,
"intervino entre el Señor y los israelitas" (Salmo 106:23, NTV).
Moisés había sido elegido precisamente para ese propósito.
La historia
original de Moisés interponiéndose se encuentra en Éxodo 32:9-14 (NBLA):
"He visto a este pueblo, y ciertamente es un pueblo terco. Ahora pues,
déjame, para que se encienda Mi ira contra ellos y los consuma. Pero de ti Yo
haré una gran nación. Entonces Moisés suplicó ante el Señor su Dios, y dijo: Oh
Señor, ¿por qué se enciende Tu ira contra Tu pueblo, que Tú has sacado de la
tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? ¿Por qué han de hablar los
egipcios, diciendo: Con malas intenciones los ha sacado, para matarlos en los
montes y para exterminarlos de la superficie de la tierra? Vuélvete del ardor
de Tu ira, y desiste de hacer daño a Tu pueblo. Acuérdate de Abraham, de Isaac
y de Israel, Tus siervos, a quienes juraste por Ti mismo, y les dijiste: Yo
multiplicaré la descendencia de ustedes como las estrellas del cielo, y toda
esta tierra de la cual he hablado, daré a sus descendientes, y ellos la heredarán
para siempre. Y el Señor desistió de hacer el daño que había dicho que haría a
Su pueblo". Estar en la brecha es interceder y suplicar por la
misericordia de Dios.
En Ezequiel
22:30, Dios utiliza un lenguaje que recuerda al pueblo las acciones de Moisés siglos
atrás. Por intercesión de Moisés, Dios se arrepintió de Su ira en el desierto.
En los días de Ezequiel, no había ningún Moisés. Nadie intercedió por Israel.
Nadie comprendía el peligro en que se encontraba el pueblo de Dios. Sin ningún
intercesor que se interpusiera, la destrucción de Israel se llevaría a cabo.
Para
empeorar las cosas, en Ezequiel 13, los falsos profetas de Israel son
condenados porque no habían reparado la brecha en el muro. En lugar de
interceder, simplemente negaron que el juicio fuera a llegar.
Además de
Moisés, hay varios que han tenido el valor y la perspicacia para
"interceder" y rogar por otros. En Génesis 18, Abraham intercede por
Sodoma. Esteban oró por los que lo apedreaban (Hechos 7:60). Pablo oró por la
salvación de Israel (Romanos 10:1). Y, por supuesto, el Señor Jesús es el
maestro de estar en la brecha, orando desde la cruz: "Padre, perdónalos,
porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34), y continuando intercediendo
por nosotros (Hebreos 7:25).
En el Nuevo
Testamento, se nos dice que oremos por los demás (1 Timoteo 2:1). En Su
sabiduría y soberanía, Dios ha elegido usar las oraciones de las personas para
cumplir Su voluntad. Él todavía busca a aquellos que se intercedan por sus
amigos y familiares, por grupos de personas y naciones. Al igual que Abraham y
Moisés, debemos estar dispuestos a interceder, pidiendo a Dios que perdone y
salve.
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