Nov 2025 «Defiende a Dios en tu vida” Es
una tarea ardua defender el espacio que Dios ocupa en nuestra vida, y cuando lo hacemos, nos enfrentamos a una
lucha. El enemigo siempre querrá recupera el terreno perdido. Cada palmo de
terreno que cedemos solo permite que el enemigo profundice más en el territorio
de Dios. 2 Samuel 23:11-12
Shammah defiende el huerto de lentejas de la ocupación y del
saqueo del enemigo, fue
uno de los 30 valientes guerreros de David que habían estado en la cueva sin posiciones.
Los filisteos, archirrivales y enemigos
de los israelitas, se alinearon contra el pueblo de Dios en un terreno
sembrado de lentejas. Donde muchos huyeron Sama permaneció.
Quieres victoria: permanece «Él se apostó en medio del campo, lo defendió y mató
a los filisteos. Así el Señor les concedió una gran victoria» (2 Samuel 23:12).
Un pequeño sembradío
de legumbres quizá no pareciera gran cosa para algunos. Al fin y al cabo, los
israelitas cultivaban todo tipo de cosechas. Los filisteos, en cambio, eran un
pueblo marinero que no se dedicaba mucho a la agricultura, por lo que estaban
acostumbrados a tomar lo que querían por la fuerza. Pero este pequeño sembradío
no solo representaba alimento para el
pueblo de Dios. Era una bendición que Dios les había concedido por derecho, estaba estratégicamente ubicado en la
frontera del territorio israelita. Ese pequeño sembradío de lentejas, entregado
hoy, podría convertirse mañana en la base de operaciones de un gran ataque
filisteo. Entregar la tierra permitiría al enemigo invadir el territorio de
Dios, y Shammah no lo iba a permitir. VA POR LO CONCEDIDO POR DIOS
Solo Shammah se enfrentó
a los filisteos cuando los demás huyeron. Mantuvo su posición a costa de su
propia supervivencia, pero Dios le concedió la victoria. Una y otra vez en la
Biblia, un pequeño grupo del pueblo de Dios luchó contra fuerzas enemigas
superiores. Y, una y otra vez, Dios les dio la victoria. Las probabilidades no importan cuando Dios está de tu lado, y Dios
siempre recompensa a quienes le son
fieles.
La moraleja de la
historia de Shammah es que debemos defender los pequeños logros en nuestra vida
de cristianos. Defender la presencia de Dios en nosotros, no hacer concesiones.
Debemos guardar áreas importantes
(días de congregarnos, espacios de oración, el derecho a ofrendar a diezmar, a
perdonar, a cambiar)
Puede que suframos
algunos enfrentamientos en el proceso, pero el enemigo será detenido y Dios nos
recompensará por nuestra fidelidad.
Salmos 34:7-8 7 El ángel de Jehová
acampa alrededor de los que le temen,
Y los defiende. 8 Gustad, y ved que es bueno
Jehová; Dichoso el hombre que confía en él.
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