RECORDATORIO
Salmos 103:2 Bendice, alma mía, a Jehová, y no
olvides ninguno de sus beneficios"
Es una
exhortación A UNO MISMO de ser
agradecido y caminar en fe.
No perder de vista
los múltiples los beneficios, recordando la obra de Dios, quien perdona, sana,
rescata y nos corona de favores.
Comienza solo
bendiciendo al Señor con su alma, y termina con los ángeles y toda la creación
uniéndose a él (versículos 20-22).
¡Con todas las
fuerzas de mi ser alabaré a mi Dios! 2 ¡Con todas las fuerzas de mi ser lo
alabaré y recordaré todas sus bondades!
Salmo 103, un himno
de alabanza donde el rey David ordena a su propio ser (alma) recordar y
agradecer las obras de Dios
Es un llamado a no
dejar que la rutina, las dificultades o el afán borren de la memoria de las
bendiciones recibidas y las por venir.
Los beneficios:
perdón de iniquidades, la sanidad, el rescate de la muerte y la coronación con
misericordia.
La frase
alma mía se refiere al ser total del autor, a su yo interior. "Que todo lo
que soy alabe al Señor; con todo el corazón alabaré su santo nombre".
Cuando bendecimos al Señor con nuestra alma, le estamos alabando con todo
nuestro corazón: con todo lo que somos y todo lo que tenemos dentro.
Además de
"alma": "corazón", "yo mismo", "sí
mismo", "la sustancia que respira", "ser vivo",
"ser interior de una persona", "el hombre mismo".
"Bendecir"
al Señor es alabarle. "Que todo lo que soy alabe al Señor; que nunca
olvide todas las cosas buenas que hace por mí. Él perdona todos mis pecados y
sana todas mis enfermedades. Me redime de la muerte y me corona de amor y
tiernas misericordias. Colma mi vida de cosas buenas; ¡mi juventud se renueva
como la del águila!" (Salmo 103:2-5, NTV).
Bendecimos
al Señor con nuestra alma cuando nos deshacemos de la apatía, la falta de
atención y cualquier negatividad que pueda haberse colado en nuestras vidas.
Cuando el
pueblo de Israel reconoció que el Señor no les había tratado según sus pecados,
le alabaron con entusiasmo por su inquebrantable amor: (Salmo 103:7-12, NTV).
"El
Señor es como un padre con sus hijos, tierno y compasivo con los que le temen.
Pues él sabe lo débiles que somos; se acuerda de que somos tan solo polvo"
(Salmo 103:13-14, NTV).
Bendecimos
al Señor con el alma cuando no nos guardamos nada en nuestra alabanza y
adoración a Él: "Mi corazón está dispuesto, oh Dios; cantaré y entonaré
salmos; esta es mi gloria. Despiértate, salterio y arpa; despertaré al alba. Te
alabaré, oh Jehová, entre los pueblos; a ti cantaré salmos entre las naciones.
Porque más grande que los cielos es tu misericordia, y hasta los cielos tu
verdad" (Salmo 108:1-4).
Comentarios
Publicar un comentario