Lo que
aprendemos en las aguas turbulentas. ABR26
La
adversidad nos ayuda a madurar en la fe cuando reaccionamos ante ella con un
corazón comprometido, dócil y entregado a Dios.
Salmo 34.1-7
Dios promete
que, cuando enfrentemos tiempos difíciles, Él estará con nosotros. Desea ser
nuestro maestro y guía, pero debemos disponernos a responderle. Necesitamos...
► Tener el
anhelo de seguir el camino de Dios. La Biblia compara ese anhelo con un ciervo
que jadea por agua (Sal 42.1). Así también debemos actuar nosotros, buscando la
dirección de Dios en lugar de depender de nuestra propia iniciativa.
► Estar
dispuestos a aprender del Señor. Cuando buscamos su guía, Dios transforma
nuestras adversidades en oportunidades de aprendizaje. Así sucedió con Ana, que
suplicaba por un hijo (1 S 1.1–2.10), y con María y Marta ante la muerte de su
hermano Lázaro (Jn 11.17–27). Necesitamos un espíritu dispuesto para aprender
lo que Él quiere enseñarnos.
► Someternos a su voluntad. Antes de
revelarnos su solución, Dios nos pide comprometernos con su camino. El Señor
nos llama a andar por fe y no por vista (2 Co 5.7), y a reconocer que sin Él
nada podemos hacer (Jn 15.5). Declarar nuestro compromiso con su camino siempre
es lo mejor.
Las
dificultades son inevitables, pero también valiosas. Dios nos acompaña en cada
una de ellas; solo pide un corazón humilde, un espíritu dócil y que nos
rindamos a su voluntad.
Comentarios
Publicar un comentario